Testimonio 8

“Es difícil plasmar sentimientos, sobre todo cuando éstos nunca han sido experimentados.
Debo admitir que llegué un tanto escéptica, no tenía mucha fe en que  relacionarme con un caballo haría también que me pudiera relacionar con mi propio “yo”.
Al separarme de mi papá (quien me había llevado a este maravilloso lugar) empezamos a caminar por lugar que tanto me recordaba a mi infancia en el campo, un lugar alejado del ruido y el estrés. Finalmente llegamos a donde me encontraría con Granada, una yegua que sería más que un simple animal sino que dentro de los próximos tres días sería mi propio espejo.
Me senté a escribir. De repente sentí algo extraño, como si alguien estuviera cerca de mí; al levantar mi cabeza pude ver que era ella, Granada. Fue aquí donde todo empezó.
Yo siempre he sido muy insegura de mí, sobre todo con lo que los demás piensan o pueden llegar a pensar. ¿Cómo puede alguien encontrar algo bueno en mí? Y ni pensar en que otra persona se va a acordar de que existo. Pero ella sí. Al segundo día, tan solo bastó una mirada; ella se acercó, ella se acordó, ella sí encontró algo bueno en mí… hacía mucho tiempo que no me sentía reconocida, pero reconocida más allá de mi apariencia, reconocida como una persona.
Trabajamos muchas cosas juntas, cosas como el “falso yo” que te hace sacar todo prejuicio y coraza, y te permite empezar a conocerte por dentro. No es fácil, lo sé, pero te sana hacerlo.
Lo que más me marcó fue cuando estábamos juntas y se tiró al suelo y se empezó a revolcar, se veía tan feliz. No sé por qué pero sentí que ahora ella era la que se abría a mí como demostrándome que era recíproca la confianza.
Han pasado años desde mi experiencia con Granada, ahora lo que ella llevaba dentro cuando la conocí debe ser mucho más que un potrillo y ojalá haya seguido los pasos de su madre porque lo que ella hizo por mí es irremplazable. Las personas crecen y muchas veces necesitamos ayuda para hacerlo, solo hay que admitir y buscar a quien mire más que tu persona, alguien que mire tu alma.
Nunca voy a olvidar su mirada porque además de ser una mirada sincera, era mi propia mirada.

Camila