Testimonio 2

“Partí mi curso con susto, pensando en que no cumpliría, que no me iba a imaginar nada, juzgándome vacía. Partí dibujándome subiendo un cerro muy parado, seco, sola. Iba subiendo con mucha dificultad, sin adornos, sola, muy sola, se veía el fin inalcansable. Así estaba. Parecía una hormiga en un Himalaya. No veía a nadie, ni colores, ni personas .
Tenía la necesidad de pisar siempre algo firme. Sin poder dibujar nada más, escribí……y el dibujo de mi presente se transformó sólo en lenguaje.

Después de mi primera sesión AFE, me sentí mejor, pude dibujar en colores, visualicé que tenía ayuda y algunas herramientas a mi alcance. Mi cerro inicial ahora es sólo una loma,los colores dan luz a mi alrededor y hay personas que me sonríen, me siento mucho mejor.
En mi segunda sesión aprendí mucho de mi YO. Entendí como vamos creciendo y creyendo ser alguien que no somos. Nos convertimos en lo que los demás quisieron ver en mí.
La Soledad me ayudó a ver quién era realmente yo, una persona con dones únicos dados por mi creador. Debí encontrar cuál era ese don y de qué ideas me tenía que desprender...
Y así pasé a la sesión de ver en mí cosas que veía en los caballos, me reflejé en ellos con ayuda de la Soledad, pude imaginar, soñar, verme por dentro, aceptar y querer mis cambios, pero muy amistosamente.
Descubrí que el hecho de estar vulnerable era una posibilidad para avanzar, un camino de algo que estaba por venir, que era mucho mejor para mí y para los que están conmigo, aprendí que hay que escucharme y hacer cambios, ahora, no después.
Sentí fuerza para afirmarme en mí misma. El AFE fue una herramienta que me abrió a una mirada diferente de mi misma."